El año que empecé a enseñar, 1991, mis alumnos de universidad se desconcertaban porque era muy joven, ni parecía profesor: vestía igual que ellos, y había muy poca diferencia de edad.
A veces era divertido sentarse en cualquier banca el primer día de clase y esperar unos diez minutos y ver que pasaba
Me gustaba oír los comentarios de boca de los alumnos, sin adornos; saber de las expectativas que tenían del curso directamente de ellos, lo que les habían contado y el porque estaban ahí ("dicen que fulano es un perro, por eso mejor me incribí aquí", o "nunca te metas a estudiar con fulano, es el peor de todos", o "fulanito es un faltista y un barco").
El tiempo ha pasado, y ahora que llego al salón de clase el primer día, ya nadie se cuestiona si soy el profesor o no, simplemente me ven y lo asumen (¿será por la calvicie y el traje?).
Ah, pero aquí es donde entra el cyberespacio.
Como todo mundo entré, por accidente, a un blog donde se decía que soy el peor error en la vida académica de una joven sin rostro. Lo mas fácil es ignorar el comentario, si, pero quien me conozca sabe que disto mucho de ser considerado "facilista".
Por eso he creado este blog.
Si has tomado clase conmigo, en cualquier época de tu vida y en cualquier institución, me gustaría saber de tí y leer tu punto de vista.
Háblame de lo que te gustó y de lo que te fastidió. Tú sabes mi nombre y cuando escribas quiero saber el tuyo, creo que es algo justo.
Un saludo,
Arturo Licona

